Caballos de Troya empresariales

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ARTURO REBOLLÓN HERNÁNDEZ

opinion@prensa.com

 06/03/2014 – ¿Alguien se ha percatado del desmejoramiento sufrido por las antiguas y prestigiosas empresas familiares panameñas que han sido adquiridas por transnacionales con fines aviesos? La más grande empresa cafetera nacional fue comprada por una colombiana. Ahora el café no nos sabe igual, porque se pasan de tueste. Es difícil pensar que la nueva, con mayores intereses en el extranjero, se preocupe por incentivar la calidad en la producción local. Más bien la tendencia lógica parece que es sustituirla con producto extranjero de inferior calidad. ¡Adiós a la tradición! ¡Adiós al prestigio ganado por generaciones!

Hace poco se habló de que una reconocida compañía lechera local experimentaba problemas de contaminación y desabastecimiento, información que resultó ser falsa. Más bien parecía un ardid para posicionar algunas marcas de productos lácteos extranjeros, recién introducidos en el mercado local.

Hay más ejemplos. Una fábrica de néctares con la mejor calidad de la región fue comprada por una transnacional mexicana que le adicionó su logo. Ahora los jugos que produce están más aguados.

Una poderosa panificadora mexicana compró a otra local, la modificó y, coincidencialmente, se logró un consenso con otras panificadoras para subir el precio del pan. Las cervecerías manejadas por grupos familiares, cuyos herederos claudicaron ante la presión del dinero fácil, también cayeron en manos extranjeras. El resultado es que el precio de la cerveza se duplicó. La fábrica de galletas apreciada por los panameños durante muchos años fue adquirida por otra colombiana que ha hecho ajustes en la producción y calidad y, por supuesto, ahora introduce sus marcas extranjeras. La cementera tradicional del país también pasó a ser propiedad de colombianos. Le quitaron el logo, ampliamente conocido, que simbolizaba la durabilidad, y sustituyeron el material base de la Quebrada Ancha, que antes era de apariencia clara, por uno oscuro que, seguramente, traen del extranjero. Lo peor es que el precio del saco no para de subir. El hipódromo –antes manejado por panameños y ahora en manos extranjeras–, no promueve la cría de caballos nacionales, más bien la “chinguia” diaria conocida como simulcast con caballos de otros hipódromos.

Por si fuera poco, las últimas transacciones en empresas de generación eléctrica y comunicaciones van en claro detrimento del bolsillo de los panameños, con un resultado de alza de las tarifas. Nuestros empresarios cedieron el poder y la influencia que durante años gozaron como propietarios de estas empresas, y en los próximos años veremos las consecuencias. Se requiere un Ente Regulador más beligerante, que regule y fiscalice al menos las transacciones que afectan directamente los servicios públicos, sobre todo cuando van en detrimento del pueblo panameño.

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