imagesPor: Nelson Páez del Amo Después del triunfo revolucionario del 1º de enero del 59, motivado por el justo rechazo de nuestro pueblo a la sangrienta dictadura batistiana por una parte, y la histórica propensión del cubano – como señalara el generalísimo Máximo Gómez Báez – de: “O no llegar o pasarse” por la otra, comenzó a considerarse como una suerte de estigma todo lo que tuviera que ver con la etapa republicana de Cuba, bautizando este período, de forma peyorativa, como la seudo república o república mediatizada. Al escribir estas líneas, no puedo dejar de recordar una cita hecha por Eusebio Leal en una de sus intervenciones: “No guardo rencor al pasado; al contrario, he creído en la necesidad de ir al futuro desde el pasado”. Después de leer en la página deportiva de Granma una serie de proposiciones para modificar la estructura de la serie nacional de beisbol con el objetivo de mejorar su calidad, incluyendo la de un colega médico que cumple misión en Venezuela, me pregunto: ¿Por qué ese afanoso deseo querer inventar lo que está inventado desde hace tanto tiempo y durante años rindió excelentes dividendos, tanto desde el punto de vista deportivo-competitivo como pecuniario, al punto de contar Cuba con una franquicia en la liga profesional de beisbol triple A y conquistar los Cuban Sugar Kings el campeonato de 1960 y, además, salir victoriosas las novenas de la liga cubana de beisbol en la Serie del Caribe en siete de las catorce lides en que participaron? El monopolio deportivo del INDER, imprescindible en un inicio como aglutinador y motor impulsor, así como para poder manejar, de forma centralizada, los escasos recursos con que contábamos, actualmente se ha convertido en un freno al desarrollo de esa misma actividad que en un tiempo, apoyado por el campo socialista, poseedor del deporte “aficionado” más desarrollado del planeta, llevó a los planos más estelares del orbe. Hoy el mundo, y nuestro país como parte integrante de él, vive una etapa cualitativamente diferente y tanto la enorme estructura vertical, como el súper centralismo de nuestra dirección deportiva se hace, no solo innecesario, sino perjudicial. Se tratan de mantener a ultranza prohibiciones obsoletas y prácticas anquilosadas que, pese a las reiteradas críticas sobre su funcionamiento, se niegan a modificar tal y como demanda la realidad actual, donde la prevalencia del deporte profesional, gústenos o no, es innegable. No creo que tenga que recordarles como estaba estructurada la Liga Cubana de Beisbol Profesional, pues todavía vivimos muchos de los que la conocimos y literatura al respecto existe en abundancia. No se trata de copiarla al calco, sino de adecuarla a nuestras condiciones actuales. Los clubes deportivos no tienen necesariamente que estar en manos privadas ni es menester resucitar a Boby Maduro, Alfredo Pequeño ni a ningún otro empresario. La administración y desarrollo de los CD pueden, perfectamente, estar bajo el patrocinio de entidades o grandes empresas estatales con recursos para ello ya que, a la larga, redundará en beneficios económicos para deportistas y patrocinadores. Teniendo en cuenta nuestro aumento poblacional la LBPC pudiera contar con 6 equipos en vez de los otrora 4 tradicionales y jugar una temporada, como antes se hacía, de diciembre a marzo con posibilidades de contratar peloteros extranjeros, ¿por qué no? Una liga paralela, tal vez semi pro (clase B; 2da categoría o como quieran llamarla) se jugaría por un tiempo más prolongado y permitiría subir y bajar a los peloteros a conveniencia de los equipos principales. Con ese calendario nuestro jugadores profesionales pudieran participar en otras ligas veraniegas, léase Japón, Corea, Taipei… Y tal vez, en un futuro, como van las cosas no tan remoto, en la MLB. Otra cuestión es acabar con la demonización de nuestros peloteros que juegan en la Gran Carpa. ¿Por qué no podemos verlos y admirarlos por TV como hacen los demás países, hasta cuando vamos a colgarles el San Benito de traidores y desertores? Hay que luchar a brazo partido porque puedan jugar por Cuba en los llamados Clásicos. Duele ver a todos los big-leaguers latinos luchar por su bandera y a los nuestros no. Si logramos ser aceptados en dicho evento, también podemos lograr que nuestros profesionales lo hagan con su camiseta nacional. Ya es hora de despojarnos de atavismos y dogmas sin sentido. Lo inclusivo debe estar presente también en el deporte, así como el combate contra el centralismo, el voluntarismo y el inmovilismo no debe excluir la actividad deportiva, que también es patrimonio popular y uno de los grandes e innegables logros de la revolución y no podemos permitir que se malogre por no tomar las medidas necesarias oportunamente. Seguimos, y no solo en el beisbol, perdiendo atletas de calidad por falta de un diálogo verdaderamente constructivo, por el uso de prácticas impositivas y de posiciones intransigentes que nada favorecen a nuestro deporte. Son otros los tiempos y tenemos que atemperarnos a ellos para lograr nuestro objetivo primordial de construir un socialismo más inclusivo, eficiente, sustentable y generador de bienestar para todos. “Lo que importa es que todos los cubanos buenos, todos los cubanos activos, se junten con libertad y sinceridad”. José Julián Martí Pérez.
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