Las cartas marcadas ya no sirven

Sara Rosenberg

 

ajedrez-con-trampaEs un juego trágico en dos campos distintos. Dos campos que no usan las mismas leyes de juego, dos tableros. En uno de ellos las palabras que se declaran son contradictorias con los actos. Y a eso en castellano se le llama cinismo, se le llama trampa.

 

Cuando las leyes de juego se rompen el juego deja de ser posible. Si un jugador no respeta las leyes del juego aunque declare que las respeta, ese jugador es  definido como tramposo y excluido inmediatamente.

 

Siempre que los voceros de USA y la UE se pronuncian, recitan incansablemente dos palabras claves: “libertad” y “democracia”, son sus cartas marcadas. Y juegan con esas cartas marcadas mientras ejercitan el terrorismo y el crimen, financian la violencia y se saltan toda la legalidad internacional vigente.

 

Un coro enorme -(que va desde la izquierda –ni-ni- con sus metafísicas dudas sobre la pureza revolucionaria, la genética dictatorial y el colorido de los mercenarios, hasta las derechas más recalcitrantes con prácticas de terror fascista, pasando por una amplia gama de demócratas miedosos que sólo plañen y enturbian los hechos)- repite las palabras libertad y democracia, como si fuéramos imbéciles que no sabemos lo que significa la dictadura capitalista. Como si no supiéramos que estamos viviendo una época de enorme agudización de la lucha de clases internacional y soportando o resistiendo el saqueo de los derechos sociales y civiles básicos, tanto en USA como en la UE.

 

Hace mucho se decía que el imperio era un tigre de papel y que sus coletazos serían terribles. Y he aquí que estamos viviendo esos terribles coletazos. Coletazos que se traducen en la perversión del sentido de palabras tan claras como libertad y democracia. Coletazos que rompen toda legalidad, todo respeto por las normas internacionales, pactos o acuerdos legales. Los organismos internacionales creados después de la guerra mundial padecen parálisis o ceguera desde hace mucho tiempo. Y en el campo del imperio las cartas están trucadas porque jamás han respetado aquello que los pueblos mayoritariamente eligen en libertad y en democracia.

 

El tigre de papel está debilitado y rompe la baraja usando métodos terroristas. Eso es lo que está sucediendo con el armado de estas bandas a las que financian para asesinar a sus propios pueblos. Métodos que se probaron en muchas plazas, y que están claramente identificados desde aquel crimen de guerra cometido contra Yugoslavia, que fue el laboratorio donde se probó esta metodología con la creación del OTPOR, y concluyó con los atroces bombardeos de la OTAN “liberadora” que destruyó la vida de la gente y el país.

 

La técnica tramposa es muy clara. El presidente Maduro la sintetizó: cuando la oposición gana alguna elección se respeta y no hay fraude. Pero si pierden, incendian la tierra con su gente y se dedican al terrorismo. Rompen el pacto democrático y constitucional, arman guarimbas, incendian edificios , parlamentos, personas, fábricas, hospitales y escuelas.

 

Generan violencia gracias a los millones de dólares que la USAID invierte en  grupos entrenados para generar el caos. Están cumpliendo la función para la que fueron creados: romper el juego democrático, reventar el marco constitucional, asesinar al pueblo sea mediante el estrangulamiento económico o con destrucción de espacios públicos, balas y sabotaje terrorista.

 

Mientras esto sucede, es repugnante ver al hombre de la mandíbula caída, me refiero a Kerry, digno representante del cuaternario, declarar que apoya a los asesinos de Maidan y amenazar a la Venezuela soberana con sanciones, sin siquiera reconocer que son ellos y su ambición de petróleo los que han generado y financiado esa violencia, porque no pueden ganar de manera constitucional, democrática y pacífica. El violento Kerry desconoce la ley y desconoce de esta manera las resoluciones del ALBA y la UNASUR, el llamado al diálogo hecho por el presidente de Venezuela y el constante reclamo de PAZ contra la violencia fascista. Kerry vuelve a jugar con cartas marcadas repitiendo de manera cínica las dos palabras claves –libertad y democracia- mientras financia el uso de las armas y las bombas criminales que pretenden destruir las enormes conquistas sociales de la revolución bolivariana.

 

Sí, están dando los últimos coletazos, están gastando millones de dólares en crear el caos, están entrenando asesinos que después no podrán controlar, todo esto sin que se les caiga de la boca torcida las palabras libertad y democracia.  Lo han hecho en Irak, en Afganistán, en Libia, en Siria, en Ucrania, y han conseguido destruir países, sea con golpes de estado (durante ciento cincuenta años en América Latina), sea con bombardeos criminales como en Libia.  Y mucho antes en Viet-Nam, donde todavía está pendiente el juicio por los crímenes de guerra que cometieron. Pero de Viet-Nam salieron derrotados y saldrán derrotados de América Latina.

 

El poder del imperio se equivoca de era. O es tal su incapacidad que no comprende que ya le hemos quitado esas dos palabras esenciales para cargarlas de otro contenido: libertad en igualdad y  democracia participativa rumbo al socialismo. Y que esas palabras están sostenidas por la acción cotidiana de millones, dispuestos a defenderlas.

 

No han comprendido que esa es la otra baraja y que aquí no hay cartas marcadas. Hay  que enfrentarlos y detener su violencia, pero el camino es irreversible, porque las democracias latinoamericanas se han consolidado. Hay una constitución, hay mucho que defender y hay mucho conquistado en esta larga marcha hacia el socialismo. La lucha será larga, pero no cabe duda de que no hay vuelta atrás porque se ha experimentado lo que significa la verdadera democracia, no la de los discursos cínicos del imperio. No hay cartas marcadas en la defensa de la democracia, socialista y revolucionaria. Pongan los dólares que pongan para sostener las guarimbas incendiarias, y a sus voceros mediáticos entre los que el diario El País de España se lleva el premio.

 

No se puede matar  a un pueblo propietario de su voluntad y de sus derechos civiles y políticos, no pudieron en Cuba, no pudieron en Viet-Nam, no podrán en Venezuela.

 

La unidad latinoamericana es un deseo antiguo, pero hoy como nunca “esta humanidad ha dicho basta y ha echado a andar”  sobre un territorio inmenso y con gran parte del camino ya ganado en libertad y democracia, rumbo al socialismo.

 

El tigre de papel está a punto de deshilacharse, podrido por dentro, y el miedo lo lleva al irracionalidad más absoluta, no escucha  y se aturde: son síntomas de su derrota. Confundido, se vuelve más sanguinario cada vez. Pero está perdido.

 

Como decía B. Brecht, “un fascista es un burgués asustado”, y podríamos agregar  “un burgués asustado que ya no tiene espacio para seguir jugando con cartas marcadas”.

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