Diplomacia al servicio de intereses ajenos

Martinelli1

Hipólito Arroyave

12/03/2014 – Varias cosas se han dicho en los medios, principalmente los locales, referente a la ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales entre Venezuela y Panamá. Incluso el Gobierno y representantes o exrepresentantes diplomáticos han emitido alguno que otro juicio sobre este delicado tema. Para hacer este análisis debemos despojarnos, primero, de cualquier tipo de ideología. En mi concepto, el Ministerio de Relaciones Exteriores falló rotunda y totalmente. Hay que tener memoria corta, hacerse el tonto o, tal vez, el desinformado para no recordar cómo se ha dado el descalabro en las relaciones entre ambos países. Yo sí me tomaré el trabajo de hacer una recapitulación de los hechos.

El gobierno de Ricardo Martinelli nombró a Guillermo Cochez como embajador de Panamá ante la Organización de Estados Americanos (OEA) en julio de 2009, y casi de inmediato él empezó un sistemático plan de ataque al gobierno chavista, desde todos los ángulos. Pasados algunos años, en una sesión de la OEA, el día 16 de enero de 2013, el homólogo de Cochez, el embajador de Venezuela, Roy Chaderton, rompió el silencio y declaró, entre otras cosas, que tenía más de tres años intentando ejercer el arte de la diplomacia, conversando sobre sus diferencias con Cochez, sin obtener ningún resultado. Al final de su intervención Chaderton tildó a nuestro insigne embajador de no ser ni político ni caballero y menos diplomático. “Usted es un patán y aparte muy mal pintor”, puntualizó.

Al día siguiente, Cochez fue destituido de su cargo por el Presidente. Viendo estos antecedentes, no podemos negar que la reacción del Gobierno socialista no es abrupta, exagerada ni es de sorprender. Pues igual que el niño víctima de bullying en un momento dado se rebela contra su agresor y responde, también, con violencia, Venezuela reaccionó a la agresión de varios años en la OEA. Ataque que continuó con el nombramiento del nuevo embajador de Panamá, Arturo Vallarino, quien pidió una reunión para evaluar los hechos en ese país.

Vale la pena recordar que antes de esto, en otros foros internacionales, como la ONU, se votó para reconocer a Palestina como Estado observador, específicamente en noviembre de 2012. Panamá votó en contra, siendo el único país latinoamericano en hacerlo, los otros fueron Estados Unidos, Israel, Canadá, República Checa, islas Marshall, Palau, Micronesia y Nauru. En el más reciente acontecimiento, esta vez en la OEA, votaron contra el Gobierno de Venezuela: Panamá, Estados Unidos y Canadá. Es decir, como coincidencia, Panamá volvió a ser el único país latinoamericano que votó en contra, quedando en evidencia la falta de apoyo a su postura delante de sus vecinos.

Ante estas actuaciones, con las que quedamos mal parados y afectados en lo económico, no me queda duda de que la mano que mece la cuna en esos foros es otra, no la nuestra. Está claro, y no lo podemos ocultar, que el principal aliado comercial de Panamá es Estados Unidos, y nos dejamos utilizar como un tonto útil. Parafraseando lo que me dijo un colega anestesiólogo: “Compramos un pleito ajeno”.

Panamá se ha convertido en el campo de batalla entre Venezuela y Estados Unidos, ahí donde caen las bombas lanzadas de uno u otro lado. Las relaciones comerciales entre Washington y Caracas siguen como si nada. Igualmente, los estadounidenses mantienen relaciones diplomáticas y comerciales con China comunista. Mientras ahora nosotros quedamos como imbéciles ante Latinoamérica, que se mantuvo al margen de ese conflicto interno. Panamá cometió un grave error diplomático, precisamente por su falta de diplomacia y por dejarse manipular. No supo jugar la pelota.

Venezuela nos adeuda entre $1,200 y $2,000 millones. Nicolás Maduro dice ahora que le pagará directamente a los empresarios, sin que el Gobierno “coimero” intervenga. Y en este punto se refirió al Presidente acusándolo de cobrarle a los empresarios panameños el 20% de comisión por las transacciones.

Cuando se es de derecha y capitalista, primero hay que ver el monto que tiene con nosotros el deudor, sea este de izquierda o de otra ideología. Porque pelearse con quien nos debe hace incluso más problemático el cobro. O peor aun, podemos encontrarnos en una disputa como la que ahora tenemos.

Ojalá el Presidente y los diplomáticos hayan aprendido la lección, pues actuar de esta forma no es lo más inteligente. Espero que Panamá intente restablecer las relaciones rotas, porque tenemos millones de razones para hacerlo. Venezuela debe resolver sus diferencias internas, y si Estados Unidos quiere intervenir, como lo hizo aquí, que actúe por sí solo, no utilizándonos.

Al final Maduro tuvo razón en algo. Ser un “lacayo rastrero” sí trae consecuencias a quien lo es.

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