Cuba: ¿cómo quererla-defenderla-enriquecerla?

Noel Manzanares Blanco

José Martí, guía de la Revolución

En Cuba: aristas de una ¿oposición?, intenté colocar en mis lectores/as una preocupación personal que, sin embargo, encuentro que muchas veces pasa inadvertida en no pocas personas. Tal percepción se me acrecentó cuando en Cuba: Juantorena, la prensa y el hiper-criticismo un aludido ripostó mi denuncia a lo que entendí que devino “complemento de las agresiones Made in USA y sus acólitos del patio” a la Revolución en la Mayor de las Antillas —un lance que él hizo involuntariamente, según deduje con posterioridad.

Deseo aclarar que cada vez que me he sentido en la obligación moral de refutar una idea en esencia antagónica con el ángulo de mira que sostengo, mi posición escapa de la menor intención de ofender personalmente; y siempre que ello ha sucedido en los últimos tiempos, ha sido el resultado de ¿en qué marco la diferencia?: “Critico a nuestra Revolución con la misma fuerza/voluntad que pudiera utilizar un Hijo sincero al referirse a su Madre. Hacer otra cosa […] es injusticia de fuerza mayor” —hice notar en su momento.

Es así que invito a que meditemos sobre la responsabilidad que exhibimos ante nuestros lectores/as quienes desde nuestras respectivas maneras de informar/comentar le ofrecemos un servicio cuya intención, en última instancia, constituye herramienta para acompañar críticamente el desenvolvimiento del Socialismo que construimos la mayoría del pueblo cubano.

(En este orden, concibo la crítica a la luz martiana, a saber: “[…] Criticar no es morder, ni tenacear, ni clavar en la áspera picota; no es consagrarse impíamente a escudriñar con miradas avaras en la obra bella los lunares y manchas que la afean; es señalar con noble intento el lunar negro, y desvanecer con mano piadosa la sombra que oscurece la obra bella. —Criticar es amar […]”).

Inexcusablemente, en el tema que estoy sometiendo a consideración de mis lectores/as continúo de la mano de Fernando Martínez Heredia, tanto más después de estudiarme su Comparecencia Magistral ante trabajadores/as y estudiantes de la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI) en La Habana el 11 de Marzo de este año,divulgada con el rótulo Ningún lenguaje es inocente. El inocente es uno, si se lo cree.

No realizo descubrimiento alguno si manifiesto que de cara al auditorio de la UCI Martínez Heredia marcó enseñanzas como “si no tenemos en cuenta la acumulación cultural histórica del país no entenderemos nada y, por tanto, no podremos trabajar. El problema es grave porque, por otra parte, lo histórico ha sido verdaderamente devaluado”. “Quienes tienen más preparación, y medios para llegar a más gente y que sus mensajes influyan en la gente, tienen sin duda más obligaciones”.

Tampoco, al significar que el sobresaliente intelectual cubano ilustró al exponer que “el socialismo economicista no podrá darle una salida socialista y eficaz a la situación actual: tendremos que apelar al socialismo cubano”. “Lo primero es constatar que hay una ausencia crónica de debate de ideas y de fundamentación conceptual de la Revolución, y, por tanto, de sus problemas, sus estrategias, sus principios, sus tácticas y su proyecto”.

Quizás menos, al subrayar que el Profesor Heredia aleccionó desde su interpretación según la cual “La opción de confiarse a las prácticas y limitarse a repetir algunas verdades y algunas consignas tuvo su razón de ser, pero ha tenido sus costos, como toda decisión importante. La ausencia de debate de ideas y de elaborar o reelaborar una fundamentación de nuestro socialismo se fue volviendo crónica, y en el vacío resultante también aparecieron o se fortalecieron creencias y lugares comunes que son erróneos y resultan muy perjudiciales, nos debilitan”.

Pudiera abundar al respecto, destacando que este Académico Legítimo en la misma oportunidad nos advierte de otras importantes tesis para continuar la edificación de nuestra obra redentora. Mas, opto por llamar su atención en las siguientes inquietudes de dos de los jóvenes asistente a aquella ocasión de lujo: una, “La tendencia a la reaparición de la pequeña propiedad privada, el cuentapropismo, entre otros mecanismos propios del mercado capitalista, ¿no acarrea consigo la aparición de valores propios del capitalismo, el individualismo, la tendencia a la derecha generalizada de los jóvenes de hoy?”.

La otra, “No tenemos dudas de que el problema económico se va a resolver en algún momento. Pero creo que el talón de Aquiles está en el tema cultural. […].Y ahí hay que centrar también el debate de los intelectuales. Ir a conversar con los jóvenes a ver qué hablan, qué ven, qué sienten. Para construir juntos el conocimiento de lo que queremos como socialismo. ¿Qué es ser revolucionario hoy en el siglo XXI? Eso para los jóvenes es importante. ¿Qué es ser revolucionario para un joven hoy, de la UCI, de la capital? ¿Cómo debe proyectarse un joven? ¿Como usted en los 60, cuando dirigía Pensamiento Crítico, o de otra manera?”.

Las citadas inquietudes, me conducen a recordar, por un lado, que una década atrás quien escribe estaba adscrito a la apreciación según la cual el asunto que implicara propiedad privada y mecanismo de mercado, merecía un absoluto puntapié. Pero hacia el 2007 en Notas para el estudio del Socialismo en el Siglo XXI compartí un discernimiento que actualicé pasado cinco años en Cuba: ¿qué entender por su Socialismo hoy día? al exponer una operacionalidad conceptual contentiva de variables como las que siguen:

Un proyecto que, a partir de los mejores valores del pensamiento universal, en lo interno se aleje del predominio de la propiedad privada, básicamente desde una planificación que privilegie el bienestar de-con-para las masas populares, en una perspectiva de racionalidad cuyo eje es la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de la persona —las negritas las situé ahora.

Simultáneamente, en lo externo se esfuerce por concretar la fraternidad, la dignidad, la equidad y la felicidad de todos los pueblos del Universo, en contracorriente con el egoísmo, el mercantilismo y el dogmatismo; amén que su viabilidad esté sujeta —en medida considerable— a la calidad de su vanguardia ideo-política, a la capacidad de asimilación-creación del sujeto rector —incluido saber combinar dialécticamente lo autóctono con lo foráneo— y a la magnitud en que la dirección sea carne-sangre-sudor-lágrimas-corazón del pueblo.

Al respecto, debo agregar que en Marzo de este año apunté que es lícito aprende de las enseñanzas del Capitalismo —lo Bueno es tal en cualquier lugar que se encuentre. Otro asunto es la necesidad de repudiar aquellas “enseñanzas” provenientes del Lobo disfrazado de Caperucita Roja; y que en paralelo, estoy entre quienes piensan que la construcción de consenso busca siempre la mayor suma posible de acuerdos sin que ello equivalga a unanimidad, sino al mejor acomodo de los intereses en formulaciones y decisiones que puedan ser aceptables por las personas y/o sectores y clases de la sociedad, a través de vasos comunicantes, en un contexto ajeno al antagonismo.

Asimismo, aquellas inquietudes, por otro lado, me hicieron reafirmarme en mi convicción acerca de la pertinencia de develar conciencia/actitud ante la realidad que alerta que Cuba seguirá bajo los efectos de la subversión Made in USA; y que en el caso de haber materializado el camino que nos conduzca a abandonar nuestras carencias económicas (esas tantas limitaciones para el mayor por ciento de ciudadanos/as del archipiélago nacional —las decisiones que se están optando de acuerdo con los Lineamientos apuntan a dejar definitivamente atrás tal realidad), ello, por sí mismo, NO van a garantizar la irreversibilidad de las transformaciones iniciadas el 1ro. de Enero de 1959. Careció de casualidad, entonces, mi apuesta por los Valores.

Pienso, pues, que resulta comprensible que para querer-defender-enriquecer nuestra obra revolucionaria —entiendo que son incalculables las maneras de hacerlo—, es preciso meditar ante cualquier inconformidad y atender las lecciones de Martínez Heredia, así como prestar la atención debida a las inquietudes juveniles y fundirlas dialécticamente con la sabiduría que portan las personas más experimentadas.

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