Lescay y Collazo: Destinos marcados por una vuelta al óvalo

Lescay y Collazo: Destinos marcados por una vuelta al óvalo

 

a final de la copa Cuba parecía orquestada por la mítica banda sonora de Carrozas de fuego. Yo latí con cada zancada al borde del raído corcho azul del Estadio Panamericano.

 

Mirar al firmamento con dos perspectivas totalmente diferentes tras el cruce de la línea de meta. Eso les sucede en este minuto a los cuatrocentistas William Collazo (31 de agosto de 1986) y Yoandys Lescay (5 de enero de 1994), pese a sentirse ambos en su salsa cuando clavan los pinchos en la pista.

La final de la copa Cuba parecía orquestada por la mítica banda sonora de Carrozas de fuego. Yo latí con cada zancada al borde del raído corcho azul del Estadio Panamericano. Lescay a la usanza de los grandes, por el carril cuatro, ese reservado a los monstruos de cada modalidad. Collazo intentando sacudirse del fantasma de las lesiones, en una reaparición tímida antes de largar por un angosto y sombrío corredor ocho, ese deparado para aquellos con escuálidas opciones de triunfo.

ninguno de los dos defraudó: el primero impuso ese empuje y sed desgarradora de los noveles con potencialidades, irreverente, marcando territorio con 46.43 segundos. Menos de una nariz, una mirada cruzada y un saludo marcial de satisfacción fueron las señas de Collazo, apenas una centésima después. Perdonen, en tan breve lapso es poco probable que hubiese habido margen para detallar semejante secuencia.

 

Hoy, a la vuelta de un mes de dicha esprintada, nuevamente el horizonte de ambos se bifurca, como fino velo de neblina intentan aferrarse a ese rabo de nube de nombre resultados, tensan sus músculos y pulen detalles, el primero con toda una autopista de oportunidades por delante; Collazo en una carrera desenfrenada contra el almanaque y el crepúsculo de un ciclo que bien pudiera aportarle más a su botín al máximo nivel, con la plata sobre pista cubierta de Doha 2010 (46.31) y el cetro (2:59.43 minutos) en calidad de miembro del 4×400 en los XVI Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 como notas en Do mayor.

 

En una jugarreta lógica la plana mayor del campo y pista antillano, entiéndase el Comisionado Nacional Jorge Luis Sánchez, el Jefe Técnico de la federación doméstica, Daniel Osorio y compañía, han decidido insertar esta temporada a varios sprinters en competiciones de nivel supremo como la Liga del Diamante (en dependencia de las posibles invitaciones extendidas), y otros circuitos Grand Prix, del cual el International Twilight Games de Trinidad y Tobago, el próximo 2 de mayo, con ocho modalidades inscritas marcará el punto de partida.

 

Justamente el tunero Lescay será uno de los agraciados en dicho circuito, mientras Collazo se mantiene al acecho, puliendo su técnica, ganando en la potencia de sus zancadas, esperando un resquicio en la puerta de las posibilidades, perfilando otro crono similar a esos 44.93 que constituyen su tope personal, y entrenando con la seria aspiración de integrar la posta larga de cara al Campeonato Mundial de relevos con asiento en Nassau, Bahamas (24-25 de mayo), lid a la cual hasta este minuto hay confirmados 90 equipos masculinos y 64 femeninos para un total de 762 concursantes en 4×100, 4×400, y los menos populares 4×200, 4×800 y 4×1500.

copa-cuba

 

Entonces llega el momento en el que representar a Cuba hace converger sus senderos. Justo ahí, al pie de la pista, esquivando la estela de salitre que trae la brisa costera —enemiga acérrima de los buenos registros—, Cubasí accedió a platicar con ambos sprinters:

 

Collazo: “Estuve prácticamente dos años fuera, asediado por lesiones de una u otra índole. Eso sí, la preparación hasta ahora ha sido bastante buena, al igual que la carrera de mi reaparición, muy pareja. Reconozco el talento de Lescay, es más, de materializarse la posta que todos los especialistas perfilan, yo debo abrir y él cerrar.

 

“Para mantener a raya todo asomo de molestias me someto todos los jueves al término de las sesiones de entrenamiento a un chequeo riguroso con el equipo médico. Además profundizo sobre el control del ritmo de carrera. Para muchos esta es la modalidad más intensa del atletismo y especialmente en los carriles lejanos durante toda mi trayectoria esa ansiedad o desesperación me han pasado factura”, sentenció el artemiseño de 1.72 metros de altura, 68 kilogramos de peso, medidas no idóneas para un velocista. En contraposición cuenta con una excelente amplitud del paso y al decir del experimentado Lázaro Betancourt la principal virtud de William radica en devorar la vuelta al óvalo sin evidente desgaste energético. Si esa dosificación de las energías las logra combinar con un ritmo idóneo…

Yoandys Lescay
Yoandys Lescay

 

Lescay: “Me sentí bien, como en cada heat. Pudiera parecer que nací con un cronómetro en lugar de una maruga. Siempre fue la velocidad mi mayor virtud, al punto de que puedo correr 100, 200 y 400 metros. Estoy en este instante supliendo el déficit que me dejó la previa del Servicio Militar.

 

“En la Copa Cuba, al igual que en el Mundial de Moscú, la inexperiencia me pasó factura y fui víctima de errores tácticos. Los técnicos dicen que tengo mucho talento pero a la vez debo controlar mis revoluciones. En la capital rusa incluso tenía opciones de pelear por un boleto finalista, pues además de mis 45.36 cimeros había frisado varias veces 45.50 acá en La Habana, sin exigencia de rivales de la elite universal y con la pista distante de lo ideal, como todos conocen.”

 

¿Posta ideal para el Mundial de Relevos?

 

“William, Omar Cisneros, Raidel Acea y yo. En lo personal tengo proyectado con mi entrenador esta temporada rebajar los 45 segundos. Yo buscaré 44.80. Para ello debo pulir la técnica de braceo y optimizar la coordinación en las curvas. Rapidez, amplitud del paso y resistencia de la velocidad se cuentan entre mis principales argumentos a la hora de correr. No dejo de pensar en el podio de Río de Janeiro 2016.” Ambicioso el muchacho de 20 abriles, 1.82 y 80 kg.

 

Dos realidades, una misma prueba, posibilidades en dependencia de lo que sus piernas sean capaces de arrojar. A veces la vida puede pasarnos por delante en menos de 45 segundos y ser 400 metros la distancia única para acariciar el cielo.

 

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