Miami-Terrorismo: ¿Sus “corderos” extraviados?

 

 

 

 

Por: Nicanor León Cotayo.

En Miami se ha desatado un gran ajetreo para vender la idea de que cuatro terroristas enviados a Cuba son gente pacífica y de su casa.

Según dijo este jueves el periòdico mexicano La Jornada, la vocera del Departamento de Estado, Jen Psaki, declarò en Washington:
“No tenemos más información en este momento. El gobierno cubano tampoco se ha comunicado con nosotros sobre estos casos. Por ahora no hemos estado en contacto”.
Detenidos, admitieron llevar la encomienda de realizar acciones violentas en la isla, incluida su esfera militar.
Para esos fines   desde mediados de 2013 tres de los apresados viajaron a la isla en función del plan.

Los capturados ahora se nombran José Ortega Amador, Obdulio Rodríguez González, Raibel Pacheco Santos y Félix Monzón Alvarez.
También se conoció que estaban a las órdenes de Santiago Alvarez Fernández Magriñá, principal lugarteniente  del connotado terrorista LUIS POSADA CARRILES, todos en Miami.

Se trata de una historia que comenzó en 1959, carente hasta aquí de punto final.
Apenas hacía un mes del triunfo revolucionario, el dos de febrero de aquel año, fue detenido un agente de la CIA, Allen Robert, a quien ordenaron asesinar a Fidel Castro.
Casi todas las conjuras posteriores se han fraguado en territorio de Estados Unidos e impuesto a Cuba la pérdida de muchas vidas humanas y de enormes recursos materiales.
Junto a ello, tales acciones han poseído una curiosa singularidad,  que autores de esas fechorías las han narrado, sobre todo, en Miami.
Posada Carriles, como es sabido, junto a Orlando Bosch Avila, fue uno de los autores intelectuales de la voladura en pleno vuelo de un avión civil cubano que transportaba 73 personas, el 6 de octubre de 1976.
Dieciocho dìas después,  The New York Times publicó un artículo donde explicó en detalles los nexos de ambos  con la CIA desde que llegaron  a Estados Unidos en 1960.
Capturado por autoridades venezolanas, la jueza Delia Estava Moreno le abrió un proceso judicial, entre otros delitos, por “homicidio calificado”  (asesinato).
Pero la policía secreta a la que perteneció en Caracas, y sobre todo la CIA, le montaron una “fuga” de la cárcel donde lo recluyeron por la masacre de Barbados.
Luego lo refugiaron en una instalación militar  controlada por el Pentágono en  El Salvador, donde prosiguió organizando actividades terroristas contra Cuba, la Nicaragua sandinista y otras naciones.
El 15 de junio de 1976, la CIA organizó un encuentro en República Dominicana al que asistieron varios grupos terroristas con la intención de tratar de unificarlos.
De allí surgió la llamada Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU) que desataría una oleada de acciones violentas en la región  bajo el mando de Orlando Bosch Avila.
Solo entre el primero de julio de ese año y el 24 de febrero de 1978, CORU ejecutó 143 acciones terroristas y amenazó destruir aviones cubanos en pleno vuelo, mientras en Estados Unidos llevaron a cabo 92 actos de terror contra intereses públicos y privados.
En tales circunstancias, por ejemplo, desde El Salvador   Posada contrató a mercenarios que en 1997 colocaron bombas en hoteles de La Habana, hechos que provocaron la muerte de un turista italiano, Fabio Di Celmo, y heridas a otras personas.
Una investigación realizada a lo largo de dos meses por The Miami Herald ayudó a demostrar, aún más, que estas agresiones fueron ejecutadas desde el exterior bajo la jefatura de Posada Carriles.
Entre sus conclusiones el rotativo mencionado expresaba que “los hallazgos de El Herald apoyan en gran medida la versión de la policía cubana de que las bombas fueron el trabajo de salvadoreños y cubanos en el exterior”.
Pero el terror no se detuvo. A mediados de diciembre de 2005, un hombre de la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA), José Basulto, declaró al Canal 41 de Miami:
“En el año 1962, yo tiré con un cañón contra un hotel en Cuba y hasta ahora no me han venido a entrevistar, porque a mi me entrenaron en el uso del cañón las propias autoridades de Estados Unidos”.
Otro eslabón de ese mismo proceso, se concretó el 16 de mayo de 2012, cuando manos terroristas incendiaron  las oficinas de la  Agencia de Viajes Airline Brokers, con sede en Miami, ciudad donde viven conocidos grupos de esa tendencia.
El 25 de julio de 2013, Diosdado Cabello,  presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, denunció  un  complot que incluía el  asesinato del  mandatario, Nicolás Maduro, y la introducción de 800 mercenarios procedentes  de Colombia.
La jefatura de esas  operaciones, agregó  Cabello,  estaba en manos de Luis Posada Carriles.
Son tantas las iniquidades, que un artículo periodístico no puede abarcarlas en toda su extensión, solo  a través de pinceladas.
Mientras, en Miami  continúan pintando a sus más recientes terroristas, casi, como dóciles y anónimos corderos extraviados.

 

 

 

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