Breve teoría del rumor en #Cuba

Jóvenes en una calle de La Habana

 

 

 

 

 

Por Dazra Novak

Fotos Dazra Novak

Dicen que la vecina del doblar está revistiendo la casa con piedra jaimanita porque, después de muchos años de búsqueda, dio con un pariente millonario que vive “afuera”. Otros dicen que en realidad el millonario sí, pero se casó con la hija. Y ayer desmintieron, que la llamaron de un banco inglés por una herencia que un pirata del siglo XVII dejó en lingotes de oro para repartir a sus descendientes. Entre ellos, mi vecina querida.

Porque todo el mundo sabe que los bancos ingleses tienen el uno en eso de respetar herencias, no importa cuántos siglos hayan pasado, aseguró el sujeto informante con esa solemnidad que emanan estos célebres asuntos de histórica trascendencia social.

¿De qué te asombras? Sabemos que al cubano le gusta historiar, dramatizar y “traer la última” -dice en un guiño pícaro mi letra de molde-, de modo que todo esto unido a su imaginación fértil hará que nuestro rumor se alimente de lo deseado, lo tremebundo y hasta de lo fantástico.

Pero… ¿hasta qué punto será cierto o no lo de la herencia? Eso mismo, el rumor siempre trae de cómplice a la duda. ¿Y si fuera verdad? Entonces claro que, para los que se creyeron hace algunos años que Jennifer López en realidad pasó por Coppelia emparrillada en una moto, el viaje de Marc Anthony a Cuba -específicamente a Pinar del Río- a pagar millones por canciones inéditas de Polo Montañez, era perfectamente posible.

Y así mismito se regó la bola por Internet (la de Marc Anthony): como pan caliente.

Pero no siempre es así, a veces el anunciante no está tan seguro de lo que dice y para salvar responsabilidades introduce el: “a mí no me lo creas”, o hace especial énfasis en el “d-i-c-e-n, que no lo digo yo, fíjate”. Sin importar la fuente -aunque más importantes son las consecuencias-, el rumor en Cuba, como la pelota, pica y se extiende.

Coqueteando muchos de ellos con las categorías “mitología”, “leyenda urbana” y denigrándose otros bajo la acepción de “chisme”, algunos rumores logran despertar verdadero temor anunciando por estos días -de boca a oreja- que “anda un violador en Marianao” o que -rumor recibido por correo electrónico- “unos ladrones te dan a oler el supuesto perfume que están vendiendo y, cuando te desmayas por el éter que traen en el susodicho pomo, te roban todo”.

¿Acaso no deberían ciertos rumores ser atajados a tiempo, confirmando o negando públicamente su veracidad? Ni desmentidos ni comprobados, una gran parte de los rumores cubanos se quedan un buen rato, luego giran sobre sus talones y finalmente se retiran abriendo paso a rumores nuevos. Entre los cuchicheos de turno anda uno asegurando que “con el papel sanitario va a pasar lo mismo que con la leche en polvo”.

Porque-el-rumor-en-Cuba-es-como-el-cuento-de-nunca-acabar, asegura hoy mi letra de molde.

No debemos olvidar que con las implicaciones personales del rumor se moldean, además, futuros comportamientos, y eso lo confirmarán aquellos hombres cuyas medidas y contingencias, para su desgracia, “cayeron en boca de una mujer”, los adolescentes cuya experiencia fatal (o no) “se regó por toda la beca”, y los que saben por vivencias propias que “en pueblo chiquito, infierno grande” porque “cría fama y acuéstate a dormir”.

Incluso el rumor que nace de la información real es, también por su naturaleza anónima, fácilmente deformable por el cubano. Así, se le añaden, omiten o modifican datos mejorando sus giros dramáticos y animando las colas, las reuniones aburridas, las conversaciones telefónicas y los chats. El humor en el rumor nos lo descubrió Carlos Ruiz de la Tejera en su famoso El Memorando, popularizado como Monólogo del cometa Halley.

Por supuesto, hay rumores que nos gustaría que fueran ciertos, como este de la casa en Camagüey diseñada por el famoso arquitecto Niemeyer (dizque boceteada en un servilleta). Hay rumores que al final se materializan, como el permiso para la compra y venta de casas y autos. Hay rumores que ni volviéndose próximos a la realidad dejan de generar falsos rumores: a un amigo mío lo llamó un pariente desde Europa para confirmar si “es verdad que ya la unificación de la moneda está andando y arde Troya en la Habana”.

Por lo general, al rumor, más allá de la risa o negación que provoca, termina no haciéndosele mucho caso, pero al mismo tiempo “si el río suena es porque piedras trae”, condicionando subrepticiamente nuestro comportamiento. Así, el rumor político generará tensión psicológica. Del rumor místico nacerán nuevas leyendas urbanas. “Compra con el rumor y vende con la noticia”, aconseja un refrán relativo al comercio, y eso hacemos los cubanos cuando se dice que va a escasear un producto.  

Los tópicos favoritos del rumor local han orbitado históricamente alrededor de la paternidad, la moral, la decencia y hasta el honor de algún que otro individuo. Las consecuencias, claro está, serán disímiles: prácticas cuestionables, incredulidad, choteo, relajamiento de las costumbres y, por suerte, esa preciosa carga lúdica que nos ayuda a enfrentar los problemas a lo cubano: ¡a mal tiempo, buena cara!

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