En Cuba no cuadra la lista con el billete

Por María Elena Balán Sainz.

La fruta bomba por su precio en el mercado puede compararse con el manjar de dioses del Olimpo y qué decir de la carne de cerdo, cuyo costo sube en lugar de bajar, mientras el frijol hace pequeños quiños para atraer al comprador. Hay que reconocer esta realidad: en la mesa cubana no cuadra la lista con el billete. Al ir al agromercado para garantizar una comida medianamente variada y de calidad para el fin de semana, el bolsillo del comprador sale exprimido.

Pero es que no solo los sábados y los domingos las personas necesitan de esos alimentos, igual los requieren todos los días, por lo cual en correspondencia con sus entradas económicas pueden adquirir o no carne de cerdo,-la de más presencia entre las ofertas-, vegetales, viandas, granos y alguna fruta. Se dice que los precios en esos lugares de expendio están regidos por la ley de la oferta y la demanda, de ahí que mantengan regularmente una pirámide invertida que se queda, casi sin excepción, en lo más alto, sin bajar.

Con frecuencia, en agromercados donde se han establecido determinados precios para tales productos, los cuales deben abaratarse si han transcurrido días y su frescura y calidad ha mermado, los vendedores los continúan expendiendo como si estuvieron recién sacados del surco. Debía ser más efectivo el trabajo de quienes deben supervisar ese asunto y ver si en realidad la tablilla con los precios está en correspondencia con lo ofertado. Sucede, muchas veces, que no se ponen las listas. El cliente pregunta y el expendedor responde según su conveniencia.

El salario medio en Cuba está en 436 pesos, según la Oficina Nacional de Estadísticas refleja en un estudio que data de 2012, pero por mucho que se estire no cumple las expectativas de satisfacer las necesidades. Necesario elevar la producción para entonces subir los salarios. No caben dudas que debe ser así, pero mientras eso se logra las limitaciones económicas para un ciudadano común son significativas.

Los problemas climatológicos, la carencia de plaguicidas y fertilizantes adquiridos en el exterior son razones esgrimidas, entre otras, para justificar las bajas producciones y el alza de los precios de viandas, granos y vegetales. Habría que ver también cómo repercute en la población y en la de los propios agricultores la poca coordinación establecida con las entidades acopiadoras y el traslado tardío a lugares de venta.

Son eslabones de infortunio de esa cadena, que sumados unos con otros, tienen como resultado que la tarima continúe al compás del son y el cliente no siempre pueda bailar con el ritmo impuesto por los elevados precios. Aunque se implementó hace unos meses una nueva fórmula de comercialización de productos agrícolas en La Habana, Artemisa y Mayabeque con la presencia de los propios productores, no todo ha sido como se esperaba..

Todavía los consumidores capitalinos, por ejemplo, no ven el impacto en la disminución de los precios. Hay de todo un poco en este entarimado. Lo peor es que quien está del lado de acá como comprador sigue sintiendo que la lista no cuadra con su billete.

(Foto tomada de Cubadebate)

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