Los responsables del fraude

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por: Keyla Rosa Estévez García

La llegada de las pruebas de ingreso a la Educación Superior presupone la conclusión de un arduo proceso de preparación y consagración de varios actores sociales hacia un fin único: la incorporación de un joven a la vida universitaria, para formarse en una profesión que le aportará a su vida personal y a la sociedad de manera general.

Como había señalado en un post anterior, le corresponde a la familia acompañar a sus hijos en la decisión de continuar estudios, y exigirles por su preparación. La escuela y los maestros deben esforzarse por preparar a los estudiantes y exigir calidad, las organizaciones estudiantiles deben debatir sobre el proceso, tomar decisiones, emitir criterios, combatir cualquier manifestación negativa. Los estudiantes, principales implicados, deben estudiar y reconocer sus potencialidades para solicitar la carrera correcta.

Las noticias de los últimos días pueden ser irrisorias si las analizamos en su conjunto. Por un lado, los esfuerzos del Ministerio de Educación para sumar más estudiantes a presentarse a los exámenes de ingreso. No pocos hablando del consumado fraude y hasta presentando cronologías de los hechos. Otros abiertamente expresando a viva voz y en cualquier tipo de escenario – ómnibus, parques, teatros, las propias escuelas- la situación: “la prueba costó 150.00 CUC”, “ya todos la tenemos”. A finales de la semana pasada una alta funcionaria del MINED declaraba que un total de 41 714 estudiantes de los institutos preuniversitarios de todo el país aprobaron el examen de ingreso de Matemática en su primera convocatoria. «Estamos reconociendo que la estrategia que desarrollamos en el nivel de preuniversitario está dando resultados positivos; se avanza (…) No estamos todavía en el nivel que deseamos, porque debemos lograr que todo el que ingresa al bachillerato tenga la plena convicción de que va a prepararse para entrar a la Universidad, y hay alumnos que aprobaron el duodécimo grado y no se presentaron», comentó.

Sin embargo, los que seguimos los medios nacionales, escuchamos recientemente la nota del Ministerio de Educación Superior, donde se explica que se confirmó el fraude y que se anulan los resultados del examen de Matemática en la capital. ¿Por qué esperar tanto para dar la noticia? ¿Por qué dar resultados cuando se está investigando? ¿A quién se quiere desmoralizar o con quién estamos jugando? Desde una posición revolucionaria considero que estas tendencias a no actuar rápidamente producen más daño y contribuyen a desacreditar la conquista revolucionaria que se llama Educación.

Los responsables son muchos: la familia irracional que paga la prueba, considerando que le hace bien a sus hijos con ese acto; los que las venden, para los cuales no tengo calificativos desde mi papel de educadora, porque esos nunca lo fueron; y los propios estudiantes, que demuestran su insuficiente conocimiento para llegar a la universidad. ¿Qué tipo de profesionales serán?

Un punto y aparte le dedico a las organizaciones estudiantiles y las políticas, ¿Qué hicimos? ¿A quién paramos? ¿Qué denunciamos? Estoy segura que sus funciones no han cambiado, el propósito para el que se crearon es el mismo. Acabamos de desarrollar un proceso de discusión política muy fuerte entre los militantes del Partido y la Juventud sobre la ejemplaridad, responsabilidad y combatividad. Esto es uno de los temas que nos corresponde debatir.

Lo cierto es que no es la primera vez que ocurre y, a mi juicio, el problema no son las pruebas de ingreso a la Universidad. Las dificultades comienzan desde las vías no formales o la entrada al círculo infantil, cuando no se atienden a los niños y, en complicidad con los padres, se suprimen las actividades educativas. En la primaria y secundaria, donde igualmente se compran los trabajos de control, las pruebas finales o el privilegio de examinar en un aula donde el profesor deja fijarse. También cuando se recurre a los repasadores, que en muchas ocasiones son los mismos maestros de las escuelas. El fin es que se aprueban a casi todos, se pasan de grado y se cumplen -aparentemente- los objetivos. Eso no es Educación.

La revolución está en peligro, bien lo dijo Fidel cuando se refirió a que somos nosotros los que podemos destruirla. Es imperante que la salvemos. Para ello contamos con muchos maestros serios, familias conscientes, estudiantes dedicados. Todos, unidos somos los responsables del futuro.

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