La paradoja en el proceso de las relaciones entre Cuba y EE.UU

Como es posible llevar a un punto de normalización equitativa de las relaciones entre Cuba y los EE.UU, cuando el gobierno de los EE.UU continua imponiendo sanciones a aquellas empresas que  negocien o intenten negociar con empresas  cubana y que a su vez despliegue todo operativo de casería ante aquellas transacciones financieras realizadas con dolares americanos. Por otra parte, se observa como el gobierno norteamericano, a partir de la adopción de un grupo de medidas parciales y limitadas con respecto a su capacidades ejecutivas para el proceso de normalización con la isla, pretende crea una imagen de buen vecinos con la concesiones a Cuba a cambio de nada. Y es en este punto cuando nos preguntamos, cómo es posible que el gobierno cubano pueda continuar este ritmo de negociaciones, cuando el gobierno norteamericano no elimina las leyes que conllevan al bloqueo y a sanciones hacia la isla.

Por: Luis Manuel Arce (periodistas@laestrella.com.pa)

En los umbrales de una visita oficial a Cuba el 21 y 22 de marzo del presidente Barack Obama, y cuando su secretario de Estado John Kerry alista maletas para ir a La Habana a ajustar detalles al respecto, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro aplica con el máximo rigor medidas del bloqueo.

La última afectada es la petrolera Haliburton, una empresa del sistema, obligada a pagar la semana pasada 304 mil 706 dólares porque una de sus filiales en Islas Caimán negoció entre febrero y abril de 2011 con una compañía de Angola suministros para prospección y perforación de pozos de petróleo y gas en Cabinda.

En esa empresa angoleña figurara como socio minoritario con apenas cinco por ciento de las acciones la empresa Cuba Petróleo, para que la OFAC actuara contra la filial de la Haliburton cinco años después de la transacción.

Es la tercera sancionada en los dos primeros meses de 2016, la octava desde el 17 de diciembre de 2014 cuando Obama y el presidente Raúl Castro anunciaron el restablecimiento de relaciones, y la 49 bajo el gobierno de Obama que lo convierte en el mandatario que más ha aplicado sanciones que sobrepasan los 14 mil millones de dólares.
Tres días antes de la Haliburton había sido multada la francesa CGG Services S.A., por un valor de 614 mil 250 dólares, con lo cual la Casa Blanca agudiza el efecto disuasivo sobre entidades estadounidenses y extranjeras interesadas en desarrollar negocios con Cuba, algo muy contrario a lo verbalmente expresado por Obama al pedirle al Congreso que elimine el bloqueo.

Los propios empresarios estadounidenses no entienden cómo, por una parte, Obama proclama ciertas medidas contra el bloqueo y por otra aplica sanciones rigurosas y no acaba de usar sus prerrogativas para vaciarlo de contenido.
Más contradictorio aún, acaba de prorrogar por un año más la prohibición a embarcaciones estadounidenses de atracar en espigones cubanos, aun cuando moderó sus términos. Lo concreto es que el bloqueo permanece inamovible, pese al rechazo de la comunidad internacional y de los empresarios estadounidenses.

Es de esperar que Kerry adelante en sus contactos oficiales en La Habana la forma en que la visita de Obama debe contribuir a limar las contradicciones, las cuales deben pasar por el despeje de órdenes ejecutivas que sustentan el bloqueo codificado por el expresidente William Clinton el 12 de marzo de 1996 cuando firmó la Ley Helms-Burton.
Sin embargo, esa misma ley preservó las amplias facultades del Presidente para, a través de la emisión de licencias, permitir diversas transacciones prohibidas por el bloqueo.
Obama puede, entre otras muchas cosas, autorizar el uso del dólar en las transacciones internacionales de Cuba y que estas se realicen en el sistema bancario de EE.UU., dejar abrir cuentas corresponsales en bancos de ese país, no obstaculizar la cesión de créditos, eliminar la persecución financiera, permitir exportaciones directas a Cuba de productos estadounidenses y que esta importe desde terceros países productos que contengan más de un 10% de componentes norteamericanos.

Es decir, que Obama puede modificar a fondo el andamiaje del bloqueo mediante el uso de sus amplias facultades y ese podría ser el procedimiento a seguir a partir de su visita a Cuba.

Solo hay cuatro aspectos del bloqueo sobre los que ni Obama ni ningún otro presidente de EE.UU. puede actuar, pues requieren la acción congresional para su eliminación o modificación, por estar regulados por leyes.

La prohibición a subsidiarias de EE.UU. en terceros países a comerciar bienes con Cuba (Ley Torricelli), la prohibición de realizar transacciones con propiedades norteamericanas que fueron nacionalizadas en Cuba (Ley Helms-Burton), el impedimento a los ciudadanos estadounidenses de viajar a Cuba con fines turísticos (Ley de Reforma de las Sanciones Comerciales y Ampliación de las Exportaciones del 2000), y la obligación a pagar en efectivo y por adelantado por las compras de productos agrícolas por parte de Cuba en EE.UU. (Ley de Reforma de las Sanciones Comerciales y Ampliación de las Exportaciones del 2000).

Además de estos aspectos que no pueden ser modificados por el Presidente, el Congreso podría aprobar nuevas leyes que fortalezcan las regulaciones del bloqueo contra Cuba u obstaculicen su desmantelamiento, como han tratado de hacer sin éxito hasta ahora un grupo de congresistas de promover iniciativas legislativas dirigidas a revertir las medidas del Presidente y a reforzar el cerco económico impuesto contra Cuba.

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