Culto de Luis Romero a #FidelCastro

Luis, te acompañamos en  tu culto al hombre gigante de america, y del mundo, al

hombre que le devolvió la sonrisa, la felicidad, la  libertad, la vida, la dignidad y

muchas tantas cosas de valor moral y de principio  al pueblo cubanos y a otros tantos

Pueblos del mundo. Gloria eterna a Fidel Castro Rus. 

 

De Luis Romero/ Ciniasta Panameño

Pensé mucho qué decir. Me cuesta, las opiniones van como un péndulo de un extremo a otro.  Decido hacerlo contando tres momentos importantes para mi vida y mi entendimiento de Cuba, desde afuera. Nadie podrá definir loque sienten por la muerte de Fidel mejor que los cubanos, los que se quedaron a resistir y construir una utopía desde adentro o los que sufrieron tantos años desde afuera.


1- 1988. Era mi primera vez en la isla, fui para el Festival de cine.
Estábamos en el Palacio de la Revolución más de 500 invitados para el
brindis inaugural.  Todos lo esperaban, 2 años antes él había fundado la
Escuela Internacional de Cine, pero creo que nunca imaginaría cómo gracias
a esa idea cambiaría el cine latinoamericano para siempre.  Constantemente
la gente miraba hacia la puerta, habían dicho que entraría en cualquier
momento. Los panameños decidimos quedarnos atrás, estaban Roberto Enrique
King y Vielka Chú, pero sé que había alguien más.  De repente alguien que
había entrado callado sin que nadie se diera cuenta con una voz gruesa nos
saluda por la espalda, nos viramos, recuerdo que lo que más me impresionó
fue que era un hombre muy alto, era Fidel que vestido de verde como de
costumbre nos preguntó de dónde éramos.  – “De Panamá” – respondimos. –
“Ah… nunca desistan de luchar por su canal”, nos dijo y nos fue dando la
mano.  Al estrechársela, sentí que le daba la mano a la historia. A los
pocos segundos estaba rodeado de gente de todo el mundo.  Ese año también
conocí a Rubén, mi mejor amigo en la isla.

2- 2001.  Fui a producir una serie de reportajes sobre la medicina en Cuba,
me acompañaron Jorge Cajar y Adelita Saltiel De Coriat.  Fuimos a varios
centros entre ellos el CIREN, un Centro de restauración neurológica que es
un ejemplo para el mundo.  Allí a una niña panameña con parálisis cerebral
hacía sus terapias.  Había llegado sin hablar y en silla de ruedas la
primera vez.  Después de 6 ciclos ya caminaba con bastones y podía hablar
lentamente.  La última vez que supe de ella estaba entrando a la Universidad Nacional.  En una tarde de descanso, me encontraba con Rubén

quien nunca fue partidario de la revolución aunque comenzó desde muy bajo
en su trabajo como comprador y doce años después había llegado a
Coordinador de Producción de películas, pero aún no había salido de Cuba.
Me hizo un pedido que me dejó saber cómo se sentía. –  “Luis, invítame a tu
país” – yo, tontamente le respondí que no pensara que vivir en un país
capitalista era vivir en Disneylandia, precisamente acababa de pasar por
una situación médica familiar y el costo había sido de mucho dinero. Me
replicó: “Luis, invítame a tu país porque yo tengo 42 años y 42 años tiene
la revolución.  Yo no sé como es vivir de otra manera”.

3- 2005. Acompañé a mi madre a iniciar su tratamiento para el Cáncer.  Como
escritora, sus buenas relaciones con la intelectualidad cubana hizo que el
gobierno cubano aceptara el pedido de Martín Torrijos para ser atendida sin
costos.  Al llegar, el médico asignado nos informó de lo difícil de la
situación – “señora, usted ha llegado en el noveno inning con 2 outs” –
luego de una pausa nos volvió a decir en otro tono más optimista – “pero
vamos a pelear con todo, solo hay un detalle, son 3 quimioterapias
combinadas y una es de fabrica norteamericana, tendrían que traerla de
Panamá”.  Mi madre me miró con ese rostro de quien siente que se le acaba
la vida.  En ese momento entró el Director Médico del hospital, quien no
había estado el primer día.  Se disculpó y le preguntó al otro doctor sobre
cómo iba la atención y qué tipo de tratamiento se le iba a hacer.  Él le
respondió lo mismo que nos había contado unos segundos antes.  Se miraron,
luego de una breve pausa el Director le preguntó – “¿Hay de esa quimio para
los nacionales?”  el médico se sintió un poco fuera de base y le dijo…
“bueno sí”,  a lo que casi cortándolo el Director le dijo: pues no lo
pienses más que comience mañana el tratamiento.  Mi madre volvió a
sonreír.  Vivió en Cuba 1 año entero, plenamente, desde allá terminó su
novela ganadora del PremioMiró 2005 y su obra de teatro ganadora del

Premio Miró 2006.  Allá celebró su cumpleaños en casa de mi amigo Rubén, Mi
madre y los otros pacientes recibían una atención personalizada. Durante 52
horas se les aplicaba la quimioterapia.  Un doctor y una enfermera pasaban
cada dos horas para inyectársela poco a poco.  Rubén la acompañaba a cada
sesión y se quedaba con ella para cuando le pidiera agua porque la garganta
se le secaba.

Ha muerto Fidel, mi madre ya no está, Rubén vive en Cuba.

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